martes, 22 de abril de 2014

EL ENCUENTRO

Era una noche fría y oscura, llena de soledad. Caminaba entre las húmedas calles de Asturias, miradas que te observaban pero no sentía miedo, sentía ternura. No era la primera vez que sentía algo así, pero todo cambió desde que empezó a llover.
Seguía caminando hasta lograr ver mi lugar exacto, ese lugar donde sientes que estás a salvo. Aunque no sea lo mismo.
Siempre sentí miedo, pero desde hace mucho tiempo, intenté superarlo con tiempo. Pero no podía evitarlo, aunque no sea lo mismo. Y es que todo es tan distinto.
Amanecía lluviosa, por una vez sentí ese relax que me hacía tanta falta. Pero duró segundos.
Truenos y relámpagos que estallaron en el cielo. Yo las contemplaba mientras observaba el cielo lluvioso y tormentoso. Quizás sea el comienzo de algo nuevo.
A la mañana siguiente me desperté con una manta por encima, me había quedado dormida viendo la vida pasar ante mis ojos. Me levanté y notaba algo extraño, sentí que formaba parte de Asturias sin ser asturiana. Desayuné, me vestí y salí a la calle, quizá a que el viento me cuente nuevas o viejas historias o, quizá, para cerrar el círculo de la soledad continua y comenzar una nueva vida. Una vida que, sin quererlo, la necesitaba.
Mientras lo pensaba y caminaba, salió el Sol. ¿Qué intentará decirme? supongo que nada, simplemente salió el Sol para...¿saludar?. No lo sé.
Lo que sí sé es que necesitaba un lugar como este, necesitaba a Asturias para pensar con calma y contemplar hermosos paisajes.
Al atardecer brillaba el Sol, con dulzura iluminando las calles, a cada paso. Y así pasó mi día en Asturias, demasiado relajado, pero así fue.
Las horas se esfumaron como la seda al lavar y yo seguía aquí.
Me sentaba al balcón para observar y seguir contemplando. Pero lo único que apareció fue una chica. Una chica joven que pasó delante mía, me miraba. No sé si su mirada expresaba sorpresa. Era una chica que no expresaba sentimientos ni emociones, quizás sufrió demasiado y por eso los guarda en un baúl para expresarse en otra ocasión que merezca la pena.
Al día siguiente, la volví a ver y me miró exactamente lo mismo que la primera vez. Pero esta vez era distinto y es que todo es tan distinto. Yo estaba leyendo, o eso intentaba, pero sus ojos eran tan expresivos como hermosos. Sentir corazonadas de un amor imposible, pero ella me dio la oportunidad de conocerme. Se sentó a mi lado, observó el libro de lectura que estaba leyendo "Las semillas del Mandomus" y me sonrió.
En ese momento empezó a hablarme.
Ella: Hola.- Dijo sonriendo.
Yo: Hola.-Sentí como mi corazón se aceleraba poco a poco y era absurdo, porque no la conocía.
Ella: ¿Cómo te llamas?.- "Ya empezaba bien..." pensé un poquito más nerviosa.
Yo: Julia, ¿y tú?.- Por fin contesté sin temor.
Ella: Sara.
Yo: Sara. Bonito nombre. Encantada.
Ella: Gracias, el tuyo también. Me preguntaba si podríamos ir un día a tomar algo para conocernos mejor, si quieres por supuesto.
Yo: Sí, claro.
En ese momento intercambiamos números de teléfono móvil.
Al llegar a casa recibí un Whatsapp de ella, preguntaba de vernos mañana y sin pensarlo demasiado acepté. No sé por qué me comportaba de esa manera, no la conocía e ya estaba aceptando para verla mañana.