miércoles, 22 de julio de 2015

LA ROSA

Cuando la rosa quema y estalla a gritos los sentidos que harán cicatrices en la piel marchita recorriendo las voces del reencuentro del pasado, dicho antecedente recalca las memorias muertas haciéndote sentir viejo y cansado. Cuando la rosa quema por dentro la raíz deja huella dejando gotas en aquel laberinto que encerraste en el pasado destrozado por mentes inservibles del hombre equivocado. Cuando la rosa queda en el suspiro del aliento conquistado, en el laberinto de mi piel desgastada, gasta cada sábado el réquiem de sus manos frías y pétalos regalados. La rosa no supo amar desde entonces, pero con el inimaginable reencuentro no pronunciado volviste a caer en las espinas, espinas que sangran y desequilibran y él, callado y malhumorado, reconforta la esperanza de no ser cazado.
Enlaces que provocan el éxtasis del llamado humorista burlando a aquella rosa desdichada por experiencias escritas. Diccionarios mal informados fortalecen al malvado locutor que provocó que las espinas vuelvan a revolucionar, cabizbajo mostró los dientes afilados y la rosa ausentaba la maniobra del enfermo loco despiadado. La rosa deja de ser rosa si las espinas retuercen las entrañas desmintiendo el color recién pintado, riendo del cambio inesperado y obrando un camino ya destruido a causa de la desesperada supervivencia.