miércoles, 12 de agosto de 2015

LÁGRIMAS NO CAEN

Vi en el rincón de tu silencio un vacío incierto, un sigilo atento y una mirada perdida en cada aliento suspirando por dentro, quizá callando tu recuerdo. Viento que favorece el labor de tus lamentos y los míos, tan callados y tan arrinconados, no caen al suelo. Las lágrimas dejaron de caer tiempo atrás, solo vi el recuerdo pasado y su traslado hacia el presente sin pedir nada a cambio.
Mirada hacia lo más alto, acompañando a las nubes y volando con pájaros sintiéndome viva en un cuerpo inerte, nulo, inexistente para algunos y para otros. Harta de tantos engaños regalo mi silencio, mi suspiro en baúles llenos, mi lagarto harto y cansado de lamentos para no volverlos a ver. Abandono el papel protagonista de quien nunca quise ser para dar paso así a una nueva etapa de mí, en mí y de quien siempre quise ser y fui. Soy lo que me he propuesto ser, aprendo lo que me he propuesto aprender y no he aprendido lo que no me he propuesto aprender.
A estas edades nada mejora, solo alcanza una ilusión mal pintada mientras el reflejo se ríe de el iluso inocente sin embargo, el camino muestra las verdades que las propias mentiras intentaron esconder tanto tiempo para que no sean vistos ni salvados del rincón oscuro y de sus dientes afilados ensangrentados de las víctimas anteriores. No soy responsable de lo que tú te hayas propuesto a pensar de mí o de ti, de él o ella, de nosotros o vosotros, o de ellos. Has de saber que mis lágrimas no caen.
Has de saber que mis lagartos engañan, mis vuelos alcanzan, mis piedras se endurecen y el baúl, recién limpiado se encuentra. Has de saber que lo que los demás opinen no es de tu incumbencia, que las bocas ajenas son malas hierbas envidiosas y celosas, que esto es supervivencia y no dejaré que me cacen para saciar la sed del cobarde. Podría hacer todo lo que mi mente se propuso pero hay una diferencia, no estoy a su nivel. Y tú, tan inconsciente de las posibilidades de los reencuentros agotables, dispuesto a defender la decencia del inimaginable ser sin nombre honrable, confuso y furioso a la vez por la democracia que aquel que no debe ser nombrado esconde en lo más profundo de su pensamiento, se oscurece a fuego lento por dentro. Y yo solo me limito a observar en silencio dejando que el viento siga favoreciendo y que la oscuridad se aleje. Pero ¿mis lágrimas no caen?