sábado, 6 de febrero de 2016

UNA SEMANA QUE EQUIVALE A ALGO

A veces me siento como si allá donde vaya no sea mi sitio o, quizás, solo esté siendo un delicado e incordioso bache por el cual prefiera llegar tarde y que me esperen a llegar antes y que nadie me espere. Todo esto equivale a que está siendo una semana complicada por el cual esté pasando por una temporada impuntual en mi vida y debería combatirlo con llegar puntual pero hay momentos en el que tardo en aprobarlo. Últimamente llego tarde a cualquier sitio, lo detesto desde lo más profundo de mi alma y eso que no me gusta ser impuntual, aunque reconozco que me gusta que me esperen pero no más de 5 minutos para saber quién estaría dispuesto a esperarme pase lo que pase y alegrarte cuando me ves acercándome cada vez más. Pero hasta que eso suceda hay tiempo de sobra para que cada día sea aprovechable. Tiempo que podría estar hablando sobre tragedias melódicas al ritmo de una añoranza incómoda, un sentimiento prohibido atravesando caminos legales para ver a la persona que te atrae y te gusta, e incluso, podría estar saltando de alegría al recordar que volveré a ver a esa persona una vez más, aguantar la vergüenza para otra ocasión y saludar sin que me tiemble la voz para dar el siguiente paso sin que el miedo al rechazo me esté acompañando. Realmente es complicado. Realmente el miedo es un asco.
Una semana que equivale a la impuntualidad temporal a propósito por miedo y no tan a propósito por proyectos en camino. Una semana que me de algo de tiempo para ser más fuerte de lo que soy, para impedir que el temor vuelva a recorrer mis venas sinténdome destrozada y sentir la belleza que esconde en cada poesía invisible de cada nota musical como una caricia en forma de instrumento. Una lucha que no descansa sin tiempo que perder. Tiempo que me de una semana para mejorar desde cualquier atardecer hasta el amanecer temprana.

Una semana que equivale a algo.