jueves, 21 de septiembre de 2017

OGGËR

Llevo tiempo pensando en la vida, incluyendo la mía, y no he llegado a una conclusión clara de cuál es mi misión de verdad. He llegado a ideas que creo que lo son pero siempre me he equivocado o me han salido como no he planeado. Hubo momentos en los que quise rendirme, dejarlo atrás y mirar hacia adelante para seguir buscando esa misión que algo o alguien me ha otorgado. 
Para algo me han creado.
No sé si soy digna de escribir esto ni tampoco tengo la intención de querer saberlo, porque me da igual, tan solo quiero buscar esa misión que me ha sido concebida y aún no sé ni cuál es.
En el lugar donde vivo no se habla mucho de ello pero, como tengo curiosidad, he ido a por más.
En mi urbanización de lo que no se habla es de la libertad y no es porque no queramos, al contrario, pero no podemos. Hubo alguien que habló de ella, algún vecino lo supo y llamó a los Superiores, fue entonces cuando desapareció por completo. Durante un tiempo decidimos no hablar sobre ella ni sobre lo ocurrido hasta que todo mejorase pero solo empeoró. Los Superiores conquistaron el lugar, colocaron carteles donde nos prohibían más cosas cada día y nosotros, enseñados con esperanzas, nos rendimos ante ellos y ahora somos sumisos porque pensamos que así evitaríamos problemas a todo el vecindario.
Hasta ahora sabemos que los Superiores no quieren que se hable de la libertad porque saben que, este mismo lugar, se iría a la mierda junto con ellos y se abriría una puerta llena de posibilidades con esperanzas de todo tipo para poder ampliar la Humanidad que nos están robando. Por eso nos quieren asustar actuando de esta manera, por eso no quieren que se hable más en nombre de la Libertad, porque no quieren que abandonemos este lugar de mierda pero para ello tengo que empezar desde el principio.
Antes de que todo suceda... la ciudad tenía de todo.
Contábamos con suministros en bastantes cantidades, grandes cajas de munición y armas por si sucedía algo pero nunca pasó nada. También teníamos todo cuanto queríamos, eramos unos mimados de cojones, pero lo teníamos todo y ahora no tenemos nada. O casi nada.
Los Superiores llegaron a esta ciudad con grandes vehículos, tenían ideas horribles para la Humanidad y sus formas de actuar eran desastrosas para todos los que vivíamos aquí. El Gerente al principio no les escuchaba pero, al enseñar el dinero que estaban dispuestos a ofrecerle, terminó aceptando. Tan leal como siempre.
Los habitantes se marcharon para escapar de los Superiores pero nos enteramos de que muy pocos consiguen salir con vida y todo se fue yendo a la mierda. Ellos nos encontraron y poco a poco, lo que fue una ciudad, se fue convirtiendo en un pueblo.
Lo destruyeron todo, nos arrebataron todo y nos quieren seguir quitando más.
Una noche discutimos sobre la libertad de hablar en nombre de la Libertad, sobre escapar del lugar y buscar un nuevo hogar, pero con quienes convivo no son fáciles de mantener ninguna conversación, sin embargo, algo nos mantiene unidos y es por eso que nos mantenemos juntos.
Uno de ellos, Bog, me quiso tranquilizar para que no haga ninguna gilipollez pero, como soy una curiosa, siempre voy a por más.
Bog es un tipo poco moderno, va a su rollo y se la suda casi todo. No suele estar detrás de nadie y, si está, está de verdad. Bog y yo no tenemos nada en contra pero a veces es difícil mantener una conversación con un tono tranquilo o unas ideas opuestas porque busca ese genio que hace que termine cogiendo la mesa, tirarla al suelo e irme. O al menos eso parece. 
Y en esa misma noche tiré la mesa pero, esta vez, con un grito que expresó todo lo que sentía en ese momento:
- ¡Gilipollas!
Me encerré en la primera habitación que pillé y di el portazo.
Alguien me encontró pocos minutos después sentada en el suelo, era Bog.
Bog se acercó a mí para saber si se me había pasado el mosqueo o aún seguía, no tardó mucho en darse cuenta de que seguía. 
- Tienes que aprender a controlar ese genio que tienes - me dijo Bog
- ¿Ahora me educas? Pues llegas 27 años tarde - le respondí con el mosqueo.
- Lo sé - me dijo mientras se acercaba a mí y siguió - pero aún así tienes que controlarlo o se apoderá de ti.
En ese momento hubo un silencio pero a Bog le dio igual y siguió hablándome

- Y si se apodera de ti, no esperes buenos resultados.
- ¿O sino qué? - le pregunté rebelde
- Acabarás como ellos, los Superiores. - me dijo Bog
Justo entró Dyma, una que siempre está alerta a todo lo que decimos a solas en casa. Con ella nada es privado, nada tiene intimidad y todo es digno de compartirlo con el mundo entero. A mí, personalmente, me tocan las pelotas pero no se lo digas a Dyma aunque tarde o temprano se acabará enterando.
- ¿Qué decís? ¿Qué hacéis? - nos preguntó Dyma muy urgentemente.
- Hablar - respondí a su urgencia y termino vacilando un poco- Estamos hablando. No es malo, es bueno para la salud...
- Que te jodan, Fita, no tiene gracia - me dijo mohina
- Vamos, vamos a tranquilizarnos un poco - nos dijo Bog
- Y tú cállate que por tu culpa seguimos aquí - le gritó a Bog - si nos hubiéramos ido a tiempo...
- Dyma...- la llamé la atención para que se calmara pero no hizo ni caso.
- ¡No! - me miró y me siguió gritando - ¡Ni Dyma ni hostias! ¡Estoy harta de seguir viviendo en esta porquería de casa!
- Esta "porquería" de casa - la dije- es lo único que nos queda y nos mantiene unidos.
- Dyma - dijo Bog - Fita tiene razón
- Fita es una gilipollas- dijo Dyma
Bog me miró e hizo que me sentara mientras que Dyma no paraba de echarme cosas en cara como si tuviera la culpa o fuese responsable de todo esto. Me cabreaba las ideas tan estúpidas que tiene a veces hacia a mí y Bog lo sabía, por eso prefirió hacerme que me sentara antes de que vaya a más.
Pero a mí me dio igual y seguí a mi bola

- Pues, esta gilipollas, te manda a la mierda - la respondí- y te pide que cierres la puerta al salir.
- Eres una zorra - me respondió Dyma amablemente
- Llámame como quieras -la dije- pero lárgate ya.
- ¿Pero no ves lo que está haciendo? - le dijo Dyma a Bog mientras le lloraba descaradamente y siguió- Está haciendo que nos separemos, seguro que está disfrutando este momento ¿VERDAD FITA?
- Dyma, basta - dijo Bog tajante - cálmate de una puta vez.
- ¡Que se calme Fita! - me dijo Dyma
- ¡Que te pires! - respondí

Bog decidió llevarse a Dyma, cerró la puerta y el lugar quedó en calma. Salí de la habitación poco tiempo después para ver si se había calmado el asunto pero no, todo seguía igual, ellos tan revolucionados y yo tan impaciente de que haya paz y se quede de una puta vez.

Soportaba la convivencia junto y con ellos, lo que no soportaba era estos numeritos para llamar la atención o para tocar los huevos simplemente. 
Por eso la gente confunde educación con no decir tacos o palabrotas, eso es una infantilada, y yo estoy muy vieja para estas mierdas.


A la mañana siguiente era como si un nuevo día amaneció, uno de esos días que se hace borrón y cuenta nueva, pero sin decirnos nada antes de que suceda. Quizás sea un regalo que el cielo nos da en forma de sorpresa y de lección: mantenernos unidos.